viernes, 6 de julio de 2012




El azul Cuquejo
>>
>> Por Crist (Cristóbal Reinoso)
>>
>> La maestra, frente al curso de nivel primario en Villa Azalais, se dirige
>> a los alumnos en su clase de pintura.
>> Como ustedes saben, los artistas se valen de los materiales para expresar
>> sus vivencias, sentimientos y cuanto ocurra en su interior. En el caso de
>> la pintura, los diferentes matices pueden recordarnos objetos de uso
>> cotidiano o paisajes familiares. Como ejemplo, les daré el azul cielo.
>> Hizo una pausa y, dirigiéndose a la alumna que tenía más cerca, le
>> preguntó:
>> -Clarita, ¿entendiste lo que trato de explicarles? ¿Recordás algún color
>> que te represente algo familiar?
>> Clarita, meneándose como todos los chicos de una escuela de barrio, y sin
>> titubear, citó al "amario paaatito", con un acento más cordobés que la
>> Cañada.
>> Muuuy bieeen, dijo la maestra, alentando a otros a que dieran sus
>> ejemplos, al igual que Clarita. El "verde booootea", indicó un morenito
>> de
>> la segunda fila. "El Chunchula", que estaba sentado al fondo y había
>> repetido el año tres veces, vio la única oportunidad de su vida para
>> lucirse, y levantó la mano.
>> -A ver, "Chunchula", denos su ejemplo.
>> -El negro culiau -pronunció en cordobés básico.
>> Antonio Seguí cuenta una versión sintetizada del mismo cuento: "La
>> maestra
>> pregunta:
>> -¿Cuáles son los colores primarios en Córdoba? "Chunchula" contesta:
>> -El amario paatito, el verde bootea y el negro culiau". Pabras más,
>> palabras menos, es el mismo cuento que divertía a Cuquejo mientras, con
>> una habilidad asombrosa, hacía la caricatura del que tenía enfrente,
>> muchas veces en condiciones críticas de luz, sobre el papel menos
>> recomendado para dibujar, que podía ser una hoja de diario, un trozo de
>> papel de astrasa que había sostenido una empanada y limpiado un poco de
>> lápiz labial, y, en el mejor de los casos, una hoja de cuaderno de rayas
>> azules. Nada impedía que apareciera la magia. Y estos pequeños
>> inconvenientes, que hubieran desalentado a cualquier artista puntilloso,
>> parecían estimular al enorme artista que escondía su figura retacona
>> mezcla de Trotsky y Picasso. Si Gardel cantaba contra tres guitarras,
>> Cuquejo dibujaba contra cualquier elemento, y a la distancia destruye el
>> mito de la nobleza del material como único soporte válido para lograr la
>> trascendencia. Sus dibujos, hechos en infinitas madrugadas en un esfuerzo
>> gentil que sólo buscaba la fugaz aprobación del retratado y un gesto de
>> admiración de los presentes, tendrán eternamente en mi corazón el sabor
>> de
>> la clase magistral, no sólo por la solidez de los dibujos de un maestro
>> sino por el desprecio por cualquier sospecha de afectado profesionalismo.
>> Su autocaricatura era una suerte de marca registrada que dejaba después
>> de
>> compartir los vinos, los tangos que cantaba y alguno que otro ovillejo
>> dedicado a alguna celebridad en decadencia. Raúl Diego Cuquejo, por las
>> calles de Córdoba te vas poniendo viejo, decía a la vez que hablaba de
>> Cezanne y, recostado en un rincón de cualquiera de los bares que
>> visitábamos, sostenía que la historia de la pintura podría estar
>> sintetizada en una manzana pintada con esa frescura. Su pintura era
>> profunda, y nada del virtuosismo que ofrecía en sus dibujos aparecía en
>> su
>> obra. Esos paisajes silenciosos rodeados de misterio, con una ausencia
>> total de la gente con la que compartíamos la noche, inmersos en esos
>> azules de una Córdoba ideal, eran su sello personal. Tal vez al negro
>> "Chunchula" le haya faltado en su lista de los colores primarios de
>> Córdoba el azul Cuquejo.

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